Friday, July 24, 2015

Átame

Hoy es 24 de julio, un día que para la gente BDSM como yo tiene un significado especial.

Su origen viene de los números que componen la fecha: 24/7, que es un estilo de relación muy mentada en el mundo BDSM y con la que yo tengo muchas reservas, que he discutido en otros espacios hasta el hartazgo (traducción: no pienso ponerme a hacer eso acá).

De forma independiente al génesis de la fecha, sí es importante su existencia. Es importante tener un día que nos celebre, que nos permita visibilizarnos, presentarnos frente a la sociedad sin los miedos habituales, que ayude a desmitificar una sexualidad que no es ni más ni menos compleja que otras sexualidades pero que está estigmatizada, que es vista con prejuicio, que es patologizada.

Como pasa o pasó con tantas otras identidades, el asumirse tiene dificultades internas y externas. Frente al deseo BDSM, la primer respuesta suele ser el miedo, la vergüenza o la autoflagelación. “¿Estaré mal de la cabeza?”, “No quiero que se entere nadie” y “No puedo creer que me gusten estas cosas” son frases que he escuchado o leído ya infinidad de veces. Y como toda sexualidad que nos conflictúa, el campo de batalla es en principio nuestra cabeza, en donde la sociedad tiene su propio loft enorme, desde el que nos dicta reglas sobre nuestro deseo.

A la gente BDSM se nos considera perversa, enferma, alejada de una sexualidad sana. Por supuesto, eso mismo se decía de gays, lesbianas, trans y todo el resto del universo LGTBIQ. Esa sensación de horror, rechazo e incomprensión frente a lo que es lo instintivo en nuestra sexualidad tiene un nombre: BDSMfobia.

Si bien la BDSMfobia tiene muchas aristas societarias (desde chistes hasta agresiones), la más insidiosa sucede cuando esa BDSMfobia se internaliza; allí es donde mayor daño produce. Cuando una persona se refrena de celebrar su sexualidad por prejuicios adquiridos acerca de qué es lo aceptable y qué no; cuando esa persona tiene miedo de estar “rota” o tener una enfermedad psicológica incurable. Esa tensión, análoga a la del gay que no admite su orientación y en consecuencia vomita homofobia por todas partes, es una incesante fuente de sufrimiento, y garantiza una vida lejos de la plenitud.

Pero la situación inversa, cuando se admite y abraza la propia sexualidad, es liberadora. Te cambia la vida, de forma literal. Entendés mucho más quién sos; podés trabajar para ser feliz de verdad. Y cuando alguien más te ve feliz viviendo lo que sos, por ahí se para un segundo a pensar.


Entonces, volviendo al tema de la fecha y de por qué es importante su existencia: quienes han participado de la lucha LGBTIQ entienden lo fundamental de la visibilización. Lo necesario que es mostrarse, llevar en alto el cartel de lo que se es, porque ese es el comienzo del cambio societario en el que ninguna expresión de la sexualidad entre adultos que consienten sea tildada de ninguna otra forma que de aceptable.

Tuesday, July 14, 2015

Der Traum ist vorbei

Mi abuelo Jesús, el valenciano republicano comunista que peleó en la Guerra Civil Española y que terminó en la Argentina, siempre me decía: "A Alemania habría que haberla dividido no en dos, si no en 50 países diferentes". Cuando cayó el Muro de Berlín y Alemania fue reunificada, el abuelo auguró lo peor.

Hoy, después de años de crisis económica europea, crisis que Alemania ha utilizado para dominar y humillar a sus supuestos socios y países hermanos, me inclino a pensar que quizá tenía razón.

Yo fui europeísta de la primera hora. La idea de un contiente unificado bajo los ideales de la democracia y el Estado de Bienestar me parecía de un humanismo hermoso, la mejor forma de escapar a siglos y siglos de conflictos y matanzas y una gran forma de contrapesar el poder hegémonico de los EE.UU.

Por eso mi tristeza al ver en lo que se ha convertido la UE: otro instrumento más de dominación política y financiera para obligar a los países a seguir, no el camino que eligen, si no el que les marca el poder más antidemocrático de todos, que es el poder financiero internacional.

Ojalá los griegos tengan la determinación para escaparse del fallido proyecto europeo. Ojalá puedan salirse del euro y que les vaya bien, y que otros países, entre ellos mi amada España, la tierra de ese valenciano que puteaba a los alemanes porque nunca olvidó ni perdonó la parte que tuvieron en la destrucción del sueño democrático que fue la Tercera República, sigan el camino heleno.

Ojalá esa mentira en la que se convirtió la Unión Europea, una cáscara vacía de ideales y completamente antidemocrática, explote por los aires, para que lxs europexs puedan realmente construir una Europa de los pueblos, y no de las elites.

Friday, July 3, 2015

A coger (en público) que chocan los planetas


Una de las cosas que más me han quemado la cabeza en estos dos días desde la intervención en FSOC es esa idea de mierda (si, "de mierda", pacata, prehistórica, católica) de que el sexo "es algo íntimo". Dicho así, sin explicación ni intervención ni matices ni subjetividades; sin un "para mí".

El sexo sería entonces algo reducido al ámbito privado, de preferencia amoroso (esos dos conceptos suelen ir de la manito); una experiencia que sí o sí es individual(ista), que no tiene nada de colectivo, nada que ofrecerle a la sociedad como conjunto, ninguna interpelación que valga la pena revisar en grupo.

Te digo: no. El sexo no "es" íntimo. Tampoco "es" público. El sexo es lo que vos quieras que sea. Habemos gente que creemos que el sexo es una herramienta: de placer, de conocimiento propio y de otras personas, de interpelación societaria, de descubrimiento y exploración de límites. Todo eso puede ser a veces íntimo y a veces público. De hecho, a veces necesita ser público.

Cuando lo es... vemos los resultados. No importa tu nivel de conciencia social o de clase, si decís "el sexo es algo íntimo" así de forma taxativa tenés que hacerte cargo de que te estás poniendo de un lado muy concreto de la historia y de las ideologías. Situar al sexo en el lugar absoluto de la intimidad lo sacraliza quitándole, al mismo tiempo, su capacidad revulsiva. “Lo íntimo” es un lugar aséptico cuando es compulsivado por la sociedad. Es otra forma de decir “vicios privados, virtudes públicas”. “Hacé lo que quieras, dentro de tus cuatro paredes”, porque si yo no lo veo, no existe. Y no quiero aceptar que existan otras formas de coger que la mía.

Dos personas garchando en un lugar público y de formas no socializadas parecen interpelar más que la carpa de los qom, que diez marchas protestando por algo, que una campaña política, que un voto en un cuarto oscuro.

No estoy calificando si eso está bien o mal. Pero siento que es evidente que, siendo la represión sexual uno de los pilares de la sociedad moderna, cualquier acción que implique des-sacralizar el coger al mismo tiempo que lo empodera es revolucionaria. A las pruebas me remito: gente de variados orígenes sociales y políticos se mostró escandalizada por una intervención de gente cogiendo en un espacio público. Parte de la izquierda “revolucionaria” (sí, abuso de las comillas, es un vicio que tengo) parada al lado del conservadurismo más rancio, cantando la misma canzonetta.

¿Por qué? ¿Qué botón se presionó? ¿Qué neurosis se activaron? ¿Qué pasa con coger en público? ¿Alguien quiere pensar en los niños?

Pasa que el sexo es algo íntimo. Algo que compartís con poca gente (de preferencia, una, y el resto de tu vida). El sexo es algo que debe ser contenido, regulado, reglamentado. Que no moleste a nadie. INTIMO. No sea cosa que le explote la cabeza a algúnx.

Por supuesto... "para mí".